Una de las cosas más maravillosas que tiene esta vida, es cuando recibes una sorpresa, grata por supuesto y que no esperas.

Es algo que siempre alegra el corazón y sobre todo nos hace sonreír. Al no esperar esa sorpresa, es como si se movieran los resortes de todo nuestro cuerpo para generar un momento de felicidad, que, dependiendo el calibre de la sorpresa, será eterno.

Muchas veces en la vida, este tipo de sorpresa las gratas, no las tenemos. Sea por la vida que llevamos de vorágine o porque no sabemos verlas. Quizás más de lo segundo. Porque la vida moderna nos deja poco tiempo para los detalles, para verdaderamente ver o darnos cuentas de las sorpresas que tenemos cerca.

Es un ejercicio para hacer todos los días. Pararse y ver al rededor. Solo con eso, nos sorprenderíamos al ver lo que tenemos, o lo que nos perdemos por no hacer esa parada.

La vida está llena de esos micro instantes, que nos sorprenden y alegran el día. @Lucreziarrias Clic para tuitear

El mejor consejo es que no esperes nada, y si te llega una sorpresa, será doble, por la misma sorpresa y por no esperarla. Y si no te llega, no te bajoneará, no haberla tenido.

Cuando alguien me dice “pide un deseo”, por lo que sea, siempre pido el mismo “que una sorpresa no esperada llegue a mi vida“. No necesito pedir más. Para eso son los deseos. Lo demás, me lo trabajo yo con el día a día.

Ya sabes, vive, ama y no esperes sorpresas a no ser que sean buenas y que te alegren la vida, que para eso son. Que, de las otras, ya tenemos todos más de las que quisiéramos. O ¿no?

Me pregunto, ¿qué sorpresa me espera al final de este camino? Ya me enteraré, cuando llegue. No vale la pena apurarse, por llegar.