Mi verano ha sido laboralmente complicado, pero no os daré la vara con lo que ha sucedido. Sino con lo que pasó ayer. Porque me ayuda a reflexionar sobre los límites que puede tener una persona, presionada por las circunstancias.

Os cuento, cuatro veces explique cómo debía hacerse el diseño de una pared, cuatro veces lo he dibujado, durante el tiempo que no han hecho su trabajo y solo cada vez que aparecía me volvían a preguntar por lo mismo, cosa que puedo entender que sean dos veces. La primera no me entiendes, la segunda ya queda claro.

No, cuatro veces. Santa paciencia. Cuando llego al lugar en cuestión, veo lo que habían hecho, y me quedo como una piedra, porque nada era como lo había explicado y dibujado, 4 veces.

En un rapto de locura temporal, o ya dar por perdida la paciencia, pido un martillo. Nada políticamente correcto, tengo que decir. Me traen uno, sin saber muy bien para que pido eso, uno muy ergonómico, que me sentaba en mi mano una maravilla, todo lo tengo que decir. Debería usarlo más seguido.

Y me lio a martillazos contra la pared mal hecha, rompiendo todo el trabajo realizado Nunca lo había hecho, pero tengo que reconocer que ha sido terapéutico.  Eso sí, luego me quede como si de repente la tensión por la falta de profesionalidad de los otros hubiera desaparecido. Pluff

Habrán pensado que era una loca, puede. Pero he comprobado que ni la paciencia, ni las buenas formas, ni explicaciones infinitas, sirvan para que los que trabajan para ti, muchas veces, hagan las cosas bien. ?

Todo tiene un límite, y ayer lo pase. ¿O no? Clic para tuitear

Porque el mundo va como va, a su bola, sin hacer caso al trabajo en equipo o simplemente el trabajo bien hecho.

Ahora he explicado por quinta vez como debía ir, y me pararé detrás de él, hasta que empiece y vea que no la va a volver a c…

La gente no toma enserio su trabajo, eso sí, todos quieren cobrar el primero. Pero os puedo asegurar, que ni pagando.

Soy una persona tranquila, que si te meto prisas serán justificadas, porque intento que casa cosa vaya al ritmo que debe, controlo bien los tiempos. Que cuando digo algo, si sabes escuchar y me conoces, seguro que te indicaré bien, porque de mi área de trabajo se mucho, y si no lo sé, llego a un consenso con el que hace el trabajo.

Llevo mucho tiempo trabajando con la misma gente, ya me conocen y saben lo que quiero lograr. Es un gusto, resolver cosas con un teléfono, porque el del otro lado sabe que dices.

Cuando aparece alguien nuevo, intento ocuparme más de la comunicación, porque ni yo los conozco ni ellos a mí. Pero en este caso, ni con esas. Han logrado que haga algo que quedará en los anales de mi memoria.

Y esa sensación de hastío y pérdida de confianza y paciencia, sacaron lo peor de mí, que ya ni grito, sino que ahora rompo. ¿O es algo que uno debería hacer más seguido?

¿Dónde está el límite de esto? Para reflexionar.