Ya hablé hace bastante de que el mundo no estaba hecho para solos o solas. Esta última semana, que me he ido de vacaciones sola, lo he vuelto a comprobar. Todo se mide para dos o más.

Viajar solo es pagar uno, por dos. Es más, la habitación con dos camas, dos toallas, hasta dos vales por día para el desayuno, que lo único que me valió era que el zumo de naranja sea doble, nada más.

Qué decir de ir a comer. Para no caer en la comida basura, vas a un restaurante, en hora punta, y casi no te atienden porque ocupas una mesa solo donde la más pequeña es para dos.  De ahí para arriba. Te quejas porque ves que ubican a gente que llegó después de ti, decidido a irte a otro lado. Y de repente, te ubican en una mesa de 6, que muestra la miseria de estar solo de vacaciones. O te ubican, en el rincón más alejado del bullicio y vida del restaurante, porque estas solo y das mala imagen. O por lo que sea, y te sientes aislado del ruido y del mundo.

Ves la carta, y las raciones, son tan grandes, que todo el mundo comparte pero que tu como estas solo, si quieres una ensalada y otra cosa, dejas la mitad, porque ni pagando te dan media ración. Con el cargo de conciencia de que tanta gente en el mundo no tiene que comer, y vos pagas por tirar la mitad de la comida que te sirven, porque tu pagas todo.

Y así todo.

En definitiva, más de una semana seguida no soporto viajar sola. Aunque se que lo seguiré haciendo, porque sigo el dicho, mejor sola que mal acompañada. Pero como siempre, veo que no puedo dejar de hacer vacaciones culturales, que podes hacer solo sin problema. Porque en las ciudades tenés más opciones. Pero si queres aventura, naturaleza o playa, como esta vez, es lo que toca.

Eso sí. La playa espectacular, y sin mucha gente, que eso también se agradece. 

A que dicho así, suena a doble pensamiento. La playa solitaria y la vida social para hacer en grupo. En fin, los seres humanos somos así, de incoherentes a veces o es siempre.?¿

Ya estoy en casa.

Imagen vía @FOLSKO ULS (@folkosoul by Instagram)