Esto escuche yo durante toda mi vida. En realidad es una de las tantas leyendas o supersticiones que no tienes ni idea de dónde vienen, pero a mí siempre me han gustado, por eso será que nunca me he casado?

Yo me enamoré de las hortensias paseando en barco por el delta del Tigre al norte de Buenos Aires, cuando era pequeña, siempre lo recuerdo. Ver esas casas con jardines hasta la orilla del rio, y unas plantas de hortensias de todos colores en la sombra que daban los árboles del jardín en esas mañanas calurosas de verano, enamoraban a cualquiera.

Como yo tengo una madre, que como todos saben es una señora muy señorona, que le encantan estas leyendas urbanas, nunca tuve una hortensia. Hasta que pase de ella, viviendo tan lejos y ahora siempre en mi casa, se indica que es primavera porque yo me compro una hortensia. Cosa que he hecho hoy, este año le toco rosa.

Mirándola mientras escribo, porque la puse sobre mi escritorio, pienso cuantas supersticiones tontas llevamos encima.

En el caso de las hortensias, en mi familia hay una historia, que dice que mi abuela, tenía en un patio interior donde solo daba el sol por las mañanas, unas plantas de hortensias impresionante. Cosa que doy fe, porque las recuerdo como sus helechos. En ese patio crecía cualquier cosa, un poco por el ambiente y otro por la mano de mi abuela Rosa. Sigo con la historia. Mi madre era la mayor y tenía otras dos hermanas mujeres. Ella y la siguiente se casaron pero la pequeña no. Mi madre cada vez que iba a la casa de mi abuela por vacaciones, le decía, “mamá, tira las hortensias, sino no se casará nunca”. Evidentemente, mi abuela, sabia ella, pasaba y no le hacía caso. Así resulto que mi tía, la soltera por no llamarla solterona, como se decía en ese entonces, llego a más de los treinta y pico. En la época, que transcurre esta historia era algo impensable en una mujer, ahora es algo normal.
Pues una de esas visitas veraniegas, mi madre y mi otra tía, se confabularon y quemaron la fantástica planta de hortensias de mi abuela, con agua caliente del mate, hasta que murió. Mi abuela nunca más tuvo esas flores, pero mi tía se caso al año. Mi madre siempre cuenta esto, y dice “creer o reventar”. Pero también cuenta una historia con los brillantes. Que una soltera que tiene brillantes tampoco se casa.

Evidentemente estos cuentos algo de realidad tendrán, porque mira por donde mi mamá esa señora tan señorona, me regalo a mi cuando termine la carrera un brillante. Por eso y por las hortensias que me compro en primavera, será que no me he casado.

Vaya por Dios, y ahora me doy cuenta. Porca miseria!!! Que se le va a hacer, el que no se quiere conformar es porque no quiere. Pero quizás la realidad sea que con brillante, hortensias o lo que sea, no me habre casado primero porque nadie me lo propuso en firme y segundo porque nunca me tope con alguien que me deslumbre por su inteligencia y cultura? O porque sepa cocinar? O porque sepa reír? O porque se sienta un tío normal, sin comeduras de coco? No, no. No me he casado porque tengo un brillante de soltera y porque me gustan las hortensias, faltaría más.